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Peñistas y detractores, sedisputan los restos del PRI

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Envuelto en la peor crisis de su historia, entre múltiples choques internos y escándalos de corrupción, el Partido Revolucionario Institucional conmemoró el pasado cuatro de marzo su 90 aniversario. Aún en medio de la convulsión provocada por su debacle electoral de julio pasado, en el otrora partido hegemónico se ha desatado una nueva guerra; ahora, por el control de la dirigencia nacional entre dos fracciones: los anti peñanietistas, que se han pronunciado por una purga que extermine todo lo relacionado con el ex presidente de México, en busca de un milagro que haga revivir al partido y, por otro lado, quienes buscan mantener viva la estructura del salinismo, que ha manipulado las riendas del tricolor durante los últimos 30 años

 

 Redacción

 

Con una fuerte derrota electoral, gobernantes corruptos encarcelados, un resquebrajamiento interno y profundos problemas financieros, así es como llegó el Partido Revolucionario Institucional (PRI) al 90 aniversario de su conformación, el pasado cuatro de marzo.

Si el PRI fuera una persona, habría llegado a su cumpleaños en un estado de salud muy deteriorado: derrotado electoralmente por otros partidos más jóvenes, como Morena; desprestigiado y con problemas económicos tan graves, que ni siquiera tienen la capacidad de pagar sus propias elecciones para renovar su dirigencia nacional.

Sin embargo, al igual que muchos adultos mayores, el PRI se aferró, en medio de la tragedia, a enaltecer sus hazañas del pasado.

Como muestra, bastan algunos de los autoelogios nostálgicos publicados por sus militantes vía Twitter: “Ha creado las instituciones que le dieron modernidad y justicia social a México”; “ha caminado hombro con hombro con los campesinos de México”; “es el único partido que a lo largo de su historia le ha apostado a las mujeres”, entre otros.

 

Historia

 

El cuatro de marzo de 1929 nació el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que dio paso al Partido de la Revolución Mexicana (PRM, 1938), y luego al actual Partido Revolucionario Institucional (PRI, 1946).

“La misión del Partido Nacional Revolucionario es la de unir a la familia revolucionaria del país, facilitando la vida institucional de México, por el ejercicio democrático de dicho partido y el estímulo de formación y desarrollo de otros partidos antagónicos, incluso de doctrina”, expresó el entonces presidente Plutarco Elías Calles, el día de la ceremonia de instauración del instituto político.

Calles, vislumbró la necesidad de pasar de un sistema de gobierno de caudillos tras la Revolución a un más franco régimen de instituciones y sentó las bases del sistema político mexicano, que a la sombra del general y presidente Lázaro Cárdenas, a mediados de la década del 30, se fortaleció con el surgimiento de las corporaciones obreras, campesinas y rurales.

Cárdenas, que nacionalizó el petróleo y que para muchos es el último prócer de México y el último presidente de la Revolución, cambió el nombre del PNR y lo llamó Partido de la Revolución Mexicana.

Siempre desde el poder, en 1946 adoptó su actual nombre ya durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho.

A lo largo de su historia, el PRI logró sortear profundas crisis económicas y sociales, como la de la deuda externa en 1982 y la de la devaluación del peso en diciembre de 1994; también rebeliones políticas, entre ellas la de 1968, que concluyó con la llamada matanza de Tlatelolco, en la que murieron 200 personas (cifras oficiales), la mayoría de ellas estudiantes.

Fue justo tras los acontecimientos del dos de octubre, que comenzó el declive de su poder absoluto: hubo tenues reformas políticas y un crecimiento paulatino de la oposición.

Veinte años después otro hecho comenzaría a resquebrajar al PRI: la creación del Partido de la Revolución Democrática (PRD), fundado por Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del general Cárdenas, que se llevó consigo gran parte de la militancia y le arrebató al oficialismo las banderas de la Revolución.

Ese golpe lo sintió en los comicios del 88, en los que, según observadores imparciales, se cometió el fraude electoral más escandaloso de la historia para salvar al PRI de la derrota.

El tricolor, después de aquellos hechos, logró sobrevivir 10 años más, hasta el año 2000, cuando sufrió su primer descalabro en las urnas.

Después de una jornada electoral calificada de “ejemplar” por el entonces presidente Ernesto Zedillo, el candidato de la Alianza por el Cambio (PAN-PVEM), Vicente Fox, derrotó con el 42.52 por ciento de los votos al candidato priista, Francisco Labastida, quien obtuvo 36.11 por ciento.

Se pensó, entonces, en el final, en la necesaria refundación del partido para poder sobrevivir a la que era catalogada como su más grave crisis. Sin embargo, 12 años de fallidos gobiernos panistas, no sólo le devolvieron la vida al partido más viejo de México, sino que lo catapultaron, de nueva cuenta, a Los Pinos.

“En el 2012 todo era algarabía en el PRI, no dejaban de escucharse los gritos de “presidente” festejando el regreso a la presidencia de la República. El fulgor del poder volvía a renacer tras 12 años de derrotas con la victoria de Enrique Peña Nieto.

“Hoy, al cumplirse 90 años, el panorama en el PRI es todo lo contrario, la figura del ex presidente es repudiada y hasta piden su expulsión, no hay vítores, ni festejos en la sede nacional. La celebración fue protocolaria, obligatoria y la sonrisa también”, reseña la revista Proceso, en un reportaje dedicado a Enrique Peña Nieto y al PRI, a propósito del 90 aniversario de la institución política.

Del encanto, llegó la decepción. Con Peña, el PRI nunca dio esbozos de la modernización que se pedía sino, al contrario, a lo largo del sexenio se documentaron algunos de los mayores escándalos de corrupción de la historia de este país.

La caída fue estrepitosa. Después de la derrota en las urnas que sufrió el primero de julio de 2018, en la que obtuvo los resultados más bajos de su historia (16 por ciento del total de los votos para presidente), el PRI quedó relegado como la tercera fuerza política en el Congreso, y hoy gobierna en 12 de las 32 entidades federativas.

Su debacle también queda al descubierto en otros rubros: posee 14 de 128 senadores, 47 de 500 diputados federales, 584 de 2 mil 43 presidentes municipales y 183 de mil 112 diputados locales.

A ello, se suman sus finanzas deterioradas, pues debe al INE 40 millones por multas, y ha acordado solicitar un crédito bancario por 250 millones de pesos para hacer frente a sus compromisos económicos y llevar a cabo la elección de su nueva dirigencia en agosto próximo.

 

La nueva guerra

 

Más allá del contraste de posturas sobre su legado y su situación actual, el próximo proceso de renovación de su liderazgo y las elecciones de 2021, han generado un resquebrajamiento interno aún mayor que ha llevado a la salida de liderazgos históricos como el ex dirigente César Augusto Santiago, y la ruptura de grupos políticos aliados como México Nuevo, para conformar su nuevo partido.

En el marco del proceso de renovación de la dirigencia nacional del PRI, se han anotado seis aspirantes que buscan revivir a un enfermo en estado terminal y dentro de ello han aflorado las pugnas internas, principalmente, entre quienes participaron en el gobierno de Peña Nieto y el de quienes culpan al ex mandatario de ser uno de los principales responsables de la derrota de los comicios del primero de julio de 2018.

Sin que la convocatoria para los comicios internos haya sido publicada, son seis los aspirantes a dirigir el PRI: el exrector de la UNAM José Narro; el senador Miguel Ángel Osorio Chong; la ex gobernadora de Yucatán Ivonne Ortega; el exgobernador de Oaxaca Ulises Ruiz, el actual gobernador de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, y René Juárez Cisneros, quien ostentó el cargo durante las pasadas campañas electorales.

Todos manifiestan su decisión de renovar ese partido, que se debate entre denuncias de intervención del ex presidente Enrique Peña Nieto y presuntos acuerdos cupulares, pero sobre todo de amenazas de probables fracturas si la elección no se transparenta.

 

 

 

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