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Oaxaca: En el olvido de la Federación 

EDITORIALSin duda alguna, al menos durante los tres últimos gobiernos, Oaxaca ha estado a la zaga de las prioridades de la Federación. Sin temor a equivocarnos, fue hasta el fin del régimen de Diódoro Carrasco, en 1998, cuando terminó prácticamente la buena relación con el gobierno federal. Era común el desfile de secretarios y subsecretarios por la entidad, con su cargamento de recursos frescos. Esa buena relación permitió la conclusión de una de las obras más relevantes de los últimos tiempos: la súper carretera Oaxaca-Cuauhnopalan,  que nos puso a sólo seis horas de la capital del país y a cuatro de Puebla. Pero de ahí para adelante, todo apunta a que nos hemos convertido orgullosamente en el patito feo. Lo anterior viene a colación, pues muchos nos preguntamos: ¿cuántas visitas hemos tenido del presidente Enrique Peña Nieto, en  los diez meses que lleva al frente del gobierno federal?. Bueno, ni siquiera ahora que decenas de comunidades oaxaqueñas están devastadas por las últimas tormentas. Lo hemos visto pernoctar en Acapulco; hacer giras constantes con parte de su gabinete en Guerrero, que aunque en efecto fue más afectado, también en Oaxaca nos castigó la naturaleza. Aquí sólo nos envió a la Secretaria de Salud, Mercedes Juan, que figura en una de las fotografías oficiales, casi como si hubiera venido a tomar el sol que a atender a los damnificados.

Hay que recordar que ni José Murat ni Ulises Ruiz se preocuparon mucho por establecer una relación cordial, institucional y de colaboración con la Federación. Era tirante o más bien de confrontación, de reclamo. Los nuestros eran gobiernos emanados del Partido Revolucionario Institucional (PRI), un partido opositor a quien llevó a los dos ex presidentes al poder. Estamos de acuerdo. Pero es evidente que conducir un país y cumplir la sagrada misión de mantener sus destinos por los mejores caminos, está más allá que las diferencias ideológicas o de partido. Ni Vicente Fox ni Felipe Calderón lo interpretaron así. El mejor ejemplo es la súper carretera al Istmo, que no ha avanzado un ápice desde hace diez años; o la carretera a la Costa, que lleva el mismo camino, a pesar de las promesas. Pero tal parece que seguimos en las mismas con el actual gobierno federal, respecto al gobierno de coalición que encabeza Gabino Cué. La realidad es una e inobjetable: Oaxaca no es prioridad para la Federación. Estamos estigmatizados, ya sea por el magisterio beligerante y su relación atípica que mantiene con el gobierno estatal; por el saqueo criminal de que ha sido objeto el erario público; por la corrupción galopante de la que no se ha salvado ninguno en las últimas administraciones estatales. Pareciera que no somos una entidad que forme parte del Pacto Federal; que fuéramos una ínsula.

Y es que tal parece que la mala suerte nos persigue. Siempre jugamos en el lado equivocado. Aquí los votos en el proceso electoral federal de 2012, le fueron entregados al actual líder moral del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador. Mucho se habla del adeudo histórico que hay con Oaxaca, cuyos grandes hombres contribuyeron a la consolidación de México como nación. Pero eso tal sea un reclamo intrascendente para quienes hoy conducen los destinos del país. La segregación es notoria. Pero en mucho contribuye la falta de tacto político; de humildad; de buena fe, de nuestros gobernantes que más que buscar los caminos de la buena coordinación, se encogen de hombros, sin importar el daño que ello ocasiona a los gobernados.

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