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Una tragedia anunciada

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Personal de Protección Civil Municipal ya había visitado la panadería que explotó, por una acumulación de gas, en la calle Cuitláhuac, colonia Moctezuma, en San Martín Mexicapan y les había hecho una recomendación para arreglar el tanque estacionario, pero la desgracia llegó antes de que la indicación fuera atendida. Hoy, los afectados esperan en la calle, entre carpas improvisadas y la solidaridad de los vecinos, a que el fiscal que lleva el caso se acuerde de seguir con la investigación que inició y les dé “luz verde” para que puedan levantar lo que quedó en ruinas

Texto: Yolanda PEACH
Fotos: Esteban CHINCOYA

Aquella tarde don Luis dormía, se levantó apresurado cuando le dijeron que había una fuga de gas, corrió hacia el tanque y alcanzó a cerrar la llave, después escuchó un estruendo que cimbró todo y lo lanzó sobre unos alambres de la construcción.
Como pudo se puso de pie y corrió hacia su domicilio para cerrar la válvula del otro tanque estacionario. Todo lo que en ese momento vio fue un volcán, una llamarada, sentía que se sofocaba, que el calor invadía su cuerpo, pero reaccionó ante los gritos de su esposa que le decía que sus nietos estaban adentro.
Fueron segundos que parecían una eternidad. En esos segundos, a don Luis se le acabó todo lo que había hecho durante años de trabajo.
“Ya se les había advertido (…) no hicieron caso y ahí están las consecuencias”, lamenta el coronel Porfirio Díaz Rodríguez, subdirector de Protección Civil Municipal al hablar sobre la explosión en la colonia Moctezuma de San Martín Mexicapan, el pasado 21 de noviembre.
Vecinos de la calle Cuitláhuac permanecen sin entrar a sus viviendas; durante el día acampan en la calle y en la noche buscan el refugio en casa de algunos familiares; en tanto, una patrulla de la Policía Municipal resguarda el perímetro delimitado por la Fiscalía General del Estado para evitar que alguna persona pretenda entrar a las viviendas siniestradas.
El estallido se originó en una panadería debido a la acumulación de gas por una fuga; el saldo preliminar fue de 11 lesionados y al inicio, unas 120 familias afectadas en un radio de 50 metros a la redonda.
En tanto, las víctimas directas, esperan que la Fiscalía General del Estado, les dé la autorización de volver a sus casas para poder rescatar lo que no se quemó, quitar escombros y empezar a levantar sus vidas.

SÓLO UN ACCIDENTE…

“Se trató de un accidente… sólo fue un accidente”, repite don Luis Hernández, quien segundos antes de la explosión, logró cerrar una válvula de gas, para después ser lanzado al aire para caer en unos alambres de construcción.
“Mi marido dormía”, recuerda la esposa de don Luis, al explicar que trabajan de madrugada y por eso el desorden en el ciclo del sueño, “entonces llegó mi hijo y me dijo que me saliera, porque olía mucho a gas”.
“Al salir ocurrió la explosión y quise entrar de nuevo para sacar a mis nietos (…) no sé en qué momento mi hijo ya había entrado por ellos y se los llevó sobre la calle, a unos metros, para que estuvieran a salvo”.
“Al parecer regresó por su padre, porque no se dio cuenta que ya había salido. Mi niño sufrió quemaduras de segundo y tercer grado sigue hospitalizado, al igual que mi cuñado”.
Familia de panaderos, con más de 35 años de tradición en la colonia Moctezuma, han logrado conservar la herencia culinaria. Al menos, son seis las panaderías en esa calle.
Don Luis cuenta que ese día descansaba cuando su hijo, de 16 años lo fue a despertar y le avisó que había una fuga de gas.
Se levantó de inmediato y corrió al tanque de gas para cerrarlo, al darse la vuelta ocurrió la explosión y lo levantó del piso. Logró sostenerse de unos alambres de la construcción.
“Parecía un volcán. El fuego se erigía en una gran llamarada”, dice al añadir que después, corrió a su domicilio para cerrar el otro tanque de gas y, al salir, su esposa le gritaba que sus nietos estaban adentro, pero su hijo ya los había sacado.
La explosión fue provocada por acumulamiento de gas en un tanque de mil litros. Se acumuló en la panadería, explica el coronel Porfirio Díaz.
A las 13:50 horas del 21 de noviembre, recibieron el reporte de la explosión a través del C4.
Acudieron el Cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja Mexicana, Protección Civil Estatal y Protección Civil Municipal para atender la emergencia.
“La onda explosiva buscó salida en un arroyo seco que está justo por debajo de la vivienda, si no, esto hubiera sido más grave, explica.
Al llegar, comenzaron a evacuar a los vecinos, aislar el lugar y acordonar la zona, tareas de la primera fase.
Enseguida, comenzó la parte del enfriamiento, “se calentó la zona, así que se inspeccionaron todos los tanques de gas de los vecinos para descartar que hubiera riesgos; es decir, lo primordial era enfriar la zona y se inspeccionaron todas las casas”.
La gran mayoría de las viviendas sufrió ruptura de vidrios y daños en la cancelería, cortinas y enseres. “Ninguna sufrió un daño estructural”, asegura el responsable de Protección Civil Municipal.
Se inspeccionaron 43 casas, salvo las tres que mantiene en resguardo la Fiscalía General del Estado.
El presidente municipal, Oswaldo García Jarquín, llegó al lugar del siniestro y dio las órdenes para apoyar a los afectados.
El agente municipal, de inmediato habilitó la escuela Primaria “Policarpo T. Sánchez”, para que los vecinos pudieran albergarse y se instaló una cocina para preparar alimentos.
En tanto, el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, autorizó que tanto la Escuela Secundaria Técnica número 106, como la Primaria Policarpo T. Sánchez se suspendieran las clases hasta el siguiente lunes, a fin de brindar seguridad a la comunidad escolar.
“Al final, todos los vecinos tenían familia cerca, así que no ocuparon el albergue para ir a dormir, pero sí para tomar sus alimentos”, indica el coronel Porfirio Díaz.

SECUELAS Y PÁNICO

El gas es incoloro e inodoro, por tanto, lleva una sustancia, mercaptano, que es un compuesto sulfurado que se usa como aromatizante del gas. Se utiliza, precisamente para detectarse, y en caso de fuga, tomar precauciones antes de que provoque una explosión.
Ante la explosión, el mercaptano se impregnó en las paredes, inclusive, en las de vecinos a varios metros a la redonda.
“Se necesitan de cinco a seis días para que este aroma desaparezca, con el sol, por tanto, el olor permaneció y las familias temían quedarse en su casa, a pesar de que se les explicó que sólo era el olor y no había peligro”, señala el coronel Porfirio Díaz.
“Ninguno de sus vecinos querían quedarse en casa. No podían ni dormir. Intentamos tranquilizarlos, pero el miedo estaba latente”, precisa.
Comenta, que, al hacer la revisión de las casas vecinas, descubrieron que sus instalaciones de gas tenían varios desperfectos por corregir, “algunas mangueras sólo estaban sujetas por alambritos. Encontramos varias anomalías, detallitos (…) afortunadamente nos hicieron caso y se corrigieron”.
Refiere que esporádicamente, hacen revisiones, sobre todo en los negocios, como las panaderías. Donde ocurrió la explosión se le había hecho una visita, donde se hicieron recomendaciones, “como Protección Civil Municipal, lo más que podemos hacer, son recomendaciones. Ya se les había hecho una visita, recomendaciones (…) No hicieron caso y ahí está la consecuencia”.
Ahora, todos los vecinos siguen los lineamientos recomendados. “Ya nos hicieron caso (…) esta tragedia los hizo ver que la vida cambia en un segundo”.
Por lo pronto, afuera de la casa donde hizo explosión el tanque, y las dos de los lados, siguen acordonadas.
Justo enfrente, está una mesa larga con varias sillas alrededor. A unos pasos, una tienda de campaña, colchonetas, cobijas y víveres. Ahí resguardan los vecinos que se quedaron sin hogar mientras observan con tristeza lo que fue su casa.
Una pequeña de casi 2 años sufrió lesiones de segundo y tercer grado. Gracias a la fundación Michou y Mau, fue trasladada a un hospital en Houston, Texas, al igual que el adolescente de 17 años. El dueño de la panadería convalece en el hospital; los otros heridos fueron dados de alta.

SOLIDARIDAD E INDIFERENCIA

Al realizar la visita al sitio donde ocurrió la explosión, vecinos de calles aledañas buscaban a las víctimas para entregarles dinero, víveres y ayuda en especie.
El cuadro era muy parecido a un duelo, parecido a cuando llegas a dar el pésame, abrazas a los dolientes y les intentas dar ánimo.
“El agente municipal se encarga, todos los días, de traerles de desayunar y de comer”, comenta un policía municipal que resguarda la zona.
Los policías municipales, una cuadrilla en una patrulla, vigilan la calle, frente a las casas siniestradas, esperando a que la Fiscalía General del Estado dé la orden de que se puede ingresar.
“Incluso los de Protección Civil Municipal no han podido entrar para dar su diagnóstico. Tenemos la orden de que no entre nadie. Ni la familia que quería entrar por algo de ropa”, dice.
Sobre todo, la orden es asegurar que nadie aproveche la tragedia para hacer rapiña. Los policías están al pie, vigilando el lugar y compartiendo algún vaso con agua con los afectados.
“Cada vez me asombra más la solidaridad que tenemos los mexicanos ante la tragedia. Llegaron vecinos a traer comida preparada, despensa, agua, cobijas. Son gente solidaria y se nota que hay mucha unión entre ellos”, comenta el comandante Porfirio Díaz.
“En estos momentos tan difíciles se integran y se apoyan entre ellos”, remata.
Don Luis, cuenta que los primeros días, por indicación de Protección Civil Municipal, y después por miedo, nadie de los vecinos se atrevió a cocinar.
“Todos los vecinos nos han estado apoyando. Estamos muy agradecidos. Sabemos que tenemos que pagar los daños de los afectados, pero por ahora no tengo dinero. La panadería era nuestro sustento económico y nos hemos quedado sin nada”, refiere.
“Todo se vino abajo. Estoy dispuesto a trabajar para poder dar el apoyo que necesitan mis vecinos”, dice.
Ahora, la desesperación, es el olvido de la Fiscalía General del Estado. Esperan el resultado del peritaje o la resolución del fiscal, para que Protección Civil Municipal pueda ingresar y ellos, comenzar a levantar los escombros.
“Personal de la Fiscalía vino ese día de la tragedia, después, ya no volvió a venir. Olvidó a esta familia”, dice un elemento de la Policía Municipal, a todas luces, dolido por la indiferencia de la autoridad ministerial.
En tanto, en la Fiscalía General del Estado, el fiscal que lleva el caso, no pudo atender a la entrevista. Una secretaria informó que tenía muchas denuncias por recibir.
Un abogado litigante, que esperaba afuera, anotó que faltaba por ver si los afectados presentarían la denuncia, en tanto, no hay más que esperar a que el fiscal se desocupe y pueda atender la tragedia que viven tras la explosión en la panadería.

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