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Súpercarreteras: Un mal fario

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EDITORIAL

 Cuando en el país a diario vemos la inauguración de modernas vías terrestres de comunicaciones, autopistas, libramientos, puentes con tirantes metálicos, túneles y verdaderas obras de la gran ingeniería y el talento mexicanos, a los oaxaqueños nos llega la nostalgia: ¿qué hicimos para estar en las condiciones actuales, con carreteras accidentadas, caminos viejos y con dos obras carreteras: al Istmo y a la Costa, una que tiene 18 años de haberse iniciado y la otra 7, sin que ambas se hayan concluido? El coraje y la nostalgia, tiene probada justificación. Parecemos vivir –orgullosamente- con el Sambenito a cuestas: somos los mexicanos de segunda.

La vía al Istmo inició durante el gobierno de José Murat (1998-2004), quien en cada mensaje, en cada entrevista, hacía mención de la magna obra carretera al Istmo –y su ramal a Huatulco-. Influyó, sin duda alguna, la pésima relación que hubo entre el de Ixtepec con el presidente de la transición, Vicente Fox Quesada. Cuando el primero percibió la mala vibra hacia su gobierno realizó una sonada manifestación en la capital de la República. Nada convenció a Fox y a los integrantes de su gabinete. La obra carretera al Istmo simplemente se estancó. En el gobierno del panista Felipe Calderón, las cosas no cambiaron un ápice. Llegó al poder presidencial justamente cuando se jugaba la suerte del ex gobernador Ulises Ruiz, luego de la asonada de 2006. Mantener a URO en la gubernatura fue la moneda de cambio del PRI para reconocer el triunfo de Calderón. Mal inicio.

No obstante, Calderón hizo promesas y promesas. La terminación de la vía al Istmo, el apoyo al inicio de la carretera a la Costa y más aún, el apoyo de su gobierno al mega-proyecto hidráulico “Paso Ancho”, que permitiría asegurar el suministro de agua potable a la capital oaxaqueña y al menos veinte municipios conurbados, por cincuenta años. Ninguno ha cuajado. La súper carretera a la Costa, en el tramo Barranca Larga-Ventanilla, de 104 kilómetros, le fue concesionada a la empresa “Omega, S.A. de C.V.”, que a poco se declaró en quiebra. Poco después la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) se la otorgó a Ingenieros Civiles Asociados (ICA), para construirla y explotarla por un lapso de 30 años. Insensible a las demandas sociales, la empresa mexicana transnacional de la construcción no pudo ejecutarla, argumentó problemas financieros y sociales.

Desde hace dos años que fue suspendida. Los trabajos se quedaron a medias. Hay tramos pequeños que fueron incluso revestidos de asfalto, que hoy se encuentran en malas condiciones. En otras partes, está colocada la estructura de los puentes, pero carecen de superficie cubierta. Incluso hay material pétreo e industrializado en las cunetas. Ahí se quedó todo, en el abandono, en tanto que la empresa, argumentando problemas financieros, aunque en el fondo fueron desórdenes administrativos y falta de planeación, dejó la obra en un 50%. Según expertos, sus técnicos jamás escucharon sugerencias o propuestas, simplemente se lanzaron como “El Borras”, sin conocer el terreno que pisaban. Hoy, ICA se asume en quiebra y exige el pago de la inversión presuntamente hecha en una obra que está a medias.

Lo que ha calado hondo en la opinión pública oaxaqueña es la información tendenciosa que se ha manejado a la fecha, como la falta de pago de derecho de vía que en su momento hizo el gobierno de Ulises Ruiz, o la falta de atención a la demanda social de las comunidades afectadas -¿o beneficiadas?- con el paso de la vía.

 

 

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