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Protección Civil, “rehén de políticos y mercenarios”

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 La dependencia creada en 1989  se ha convertido en una agencia de colocaciones de políticos y “mercenarios”, que lucran a costa de la seguridad y la integridad de la población, acusaron funcionarios y asesores expertos en materia de seguridad. El ejemplo de la inutilidad de la Coordinación Estatal de Protección Civil quedó en evidencia durante la contingencia provocada el pasado 7 de septiembre por el sismo de 8.2 grados que destruyó gran parte del Istmo de Tehuantepec

 

David Méndez

 

Unidades de protección civil utilizadas como basurero

Como una dependencia colapsada, a la deriva, sin voz de mando, que hoy funciona como una agencia de colocaciones, rehén de políticos y “mercenarios” que lucran a costa de la seguridad de la sociedad, así es como fue descrita la Coordinación Estatal de Protección Civil (Cepco) por un grupo de funcionarios en activo y asesores en temas de seguridad consultados por Real Politik, a 20 días del terremoto de 8.2 grados Richter que devastó la región del Istmo de Tehuantepec y cuyos habitantes acusaron a las autoridades de haber respondido de manera tardía y desorganizada a la tragedia, que le arrebató la vida a 79 pobladores y dejó sin hogar a miles de habitantes.

De acuerdo con los entrevistados, quienes hablaron a cambio de anonimato, la Cepco fue la principal responsable de que la atención a las víctimas, la cuantificación de daños, el acordonamiento de las áreas de alto riesgo y el traslado de víveres a la zona de la contingencia haya tardado en realizarse hasta cinco días, pues incumplió prácticamente todos los protocolos ideados para afrontar un suceso de tal magnitud.

Y no sólo eso, pues acusaron que, al quedar rebasada, la dependencia prácticamente no tuvo participación alguna en las labores de respuesta.

Por separado, establecieron que la cadena de errores del ex coordinador, Amando Demetrio Bohórquez Reyes –cesado en plena emergencia–, fue únicamente el reflejo de la impericia de los personajes que han sido impuestos al frente de esa área, como pago a favores políticos, sin que tengan el conocimiento básico sobre estrategias de prevención y respuesta ante desastres naturales.

 

Elefante blanco

 

El terremoto del pasado 7 de septiembre, añadieron, desnudó las carencias e irregularidades que predominan en la Coordinación de Protección Civil, a la que calificaron como “un elefante blanco que funciona por inercia, en la precariedad y sin personal con vocación”.

Por una parte, apuntaron dos especialistas que conocen la organización interna de la dependencia, la entidad carece de recursos para solventar necesidades básicas como equipamiento del personal –botas, uniformes e indumentaria especializada para la protección ante riesgos– lo que se suma el hecho de que también carecen de vehículos suficientes, refacciones e incluso combustible que faciliten el traslado del personal a los lugares con emergencias.

“De 10 vehículos, seis están descompuestos”, compartió uno de los entrevistados.

“Durante el sexenio pasado, las autoridades sacaron dos camionetas que habían sido desechadas, las mandaron a componer y las entregaron a Protección Civil”, lamenta el segundo de ellos.

 

Botín de políticos y sindicato

 

La Coordinación Estatal de Protección Civil, convertida en un elefante blanco.

Aunque ambos dijeron desconocer la cantidad de recursos que le son ministrados a la dependencia de manera mensual o anual por la Secretaría de Finanzas, aseguraron que nada de ello es utilizado en el mejoramiento de la infraestructura, mantenimiento de los equipos de alertamiento o en planes para mejorar la organización interna.

Los recursos, afirmaron, son ejercidos tanto por el coordinador general como por el administrador financiero, quienes, en teoría, tienen la responsabilidad de hacer un uso eficiente de ellos.

De acuerdo con el avance de la Cuenta Pública de 2017, que fue entregada en julio pasado a la Cámara de Diputados, la Cepco gastó, entre enero y junio, 2 millones 14 mil 350 pesos con 85 centavos; en promedio, 335 mil 725 pesos mensuales.

La aparente precariedad económica que impera en la dependencia, contrasta con los sueldos que obtienen algunos de los integrantes del sindicato, que es, en realidad, el que controla a la Coordinación y a la que se supeditan todos sus titulares.

“Hay empleados que, por tener mucho tiempo con la plaza, ganan, quizá, cerca de 20 mil pesos mensuales; no son personal especializado, pero gracias al sindicato, obtienen percepciones mayores a las que, incluso, jefes de área.

“Los coordinadores no se meten con los sindicalizados, les tienen miedo y prefieren llevar la fiesta en paz. Te dicen: ‘Llévatela tranquila’, pues saben que si se ‘bronquean’ con ellos, salen de la dependencia ‘quemados’”.

El personal sindicalizado, sin embargo, trabaja de nueve de la mañana a tres de la tarde y, después, no responde al llamado a ninguna contingencia.

“Un problema grave que pasa con la Coordinación Estatal de Protección Civil es que no puede estar con gente sindicalizada adentro.

“Hay departamentos en los que son nueve elementos y siete son de base; ellos trabajan hasta las tres de la tarde y ¿lo que pasa después?, ¿Cómo se resuelve?, (pues) con presencia nada más.

“Para una lluvia, una tromba (no hay ningún problema), pero ¿para una situación difícil?…”, cuestionó la fuente, quien calificó a los funcionarios como “mercenarios” que viven a costa de la seguridad.

Políticos sin capacidad para afrontar una responsabilidad de ese tipo y un sindicato poco productivo, son los que realidad sangran el recurso que debería ser utilizado en la creación de planes para salvaguardar la integridad de los ciudadanos, reiteró.

“En el Istmo no se vio una camioneta de Protección Civil, no se vio”, criticó.

En una entrevista realizada en un restaurante al norte de la capital, sentenció que la dependencia jamás será útil mientras permanezcan al frente políticos allegados a los gobernantes en turno y el sindicato del gobierno del estado.

Se requiere, aseguró, una reingeniería que las actuales autoridades parecen no estar dispuestas a llevar a cabo.

Y como ejemplo de ello, abundó, figura el nombramiento de Heliodoro Díaz Escárraga, un priista conocido más por sus excentricidades y presuntos actos de corrupción, que por su labor dentro de la función pública.

“No sé cómo lo vaya a manejar”, dijo, al ser consultado sobre el funcionario que asumió de manera oficial la dependencia a partir del 21 de septiembre, 14 días después del terremoto del 7 de septiembre.

 

Negligencia ante terremoto

La Coordinación Estatal de Protección Civil incumplió con prácticamente todos los protocolos de actuación después del terremoto del pasado 7 de septiembre, que devastó a la región del Istmo de Tehuantepec, que hoy continúa siendo asediada por las réplicas de aquel movimiento telúrico de 8.2 grados, aseguraron los entrevistados.

Para empezar, la dependencia, minutos después de la contingencia, abundaron, tenía la obligación de haber elaborado un reporte preliminar, con el número de decesos, heridos, viviendas dañadas y edificios colapsados, a fin de establecer las zonas prioritarias para la atención; sin embargo, éste jamás llegó.

Para ello, el entonces titular, Amando Demetrio Bohórquez, debió haber mantenido comunicación estrecha con cada uno de sus delegados regionales de Protección Civil, así como con los cuerpos de seguridad y grupos de rescate de, al menos, las cabeceras municipales de la región afectada.

“La Coordinación tiene que sacar a su personal para evaluar los daños, para coordinar los apoyos, tomar el mando y estar coordinando todos los servicios: rescate, víveres, prehospitalario, reconstrucción, dictámenes; es el evaluador, a eso llega.

“Llega a ver qué cosa se cayó, qué cosa pasó, a subir la información inmediatamente para que baje el apoyo. (Si) no llega Protección Civil qué pasa, lo que pasó allá (en el Istmo de Tehuantepec)”, sentenciaron los especialistas.

La falta de este informe, provocó que durante las horas posteriores al terremoto, las labores de socorro se enfocaran en un solo punto, Juchitán de Zaragoza, y que otros municipios que registraron múltiples afectaciones, incluidos muertos, heridos e inmuebles derrumbados, como Asunción Ixtaltepec, Unión Hidalgo, Santa María Xadani y San Dionisio de Mar, entre otros, no recibieran apoyo de manera inmediata.

Y hay más. Una vez activado el plan de respuesta inmediata, el titular de Protección Civil tuvo que haberse trasladado, vía aérea o por carretera, a la zona con mayores daños, para coordinar las labores de rescate de las víctimas  que pudieran permanecer bajo los escombros y, luego, delimitar y desalojar aquellos inmuebles que pusieran en riesgo la integridad de los sobrevivientes.

Tales acciones, aseguraron, debieron haberse implementado cabalmente antes de que se cumplieran las primeras 24 horas de la contingencia, con el objetivo retomar, en la medida de lo posible, el control de la zona.

“Existen delegados en el Istmo; el delegado debió haber enviado inmediatamente a sus coordinadores locales a ver qué está pasando y sacar datos.

“(Los coordinadores) tuvieron que haberle dicho a su gente: ‘Saquen datos porque no dilata en hablarme mi jefe, porque a mí jefe le va a hablar el Gobernador y tiene que darle datos reales de lo que está pasando’.

“Esto tiene que ser al momento; por aquí está temblando (y) yo estoy diciéndole a los coordinadores ‘vámonos’, ‘a moverse’ y ‘a mandar información’”.

Como parte de esta tarea, subrayaron los expertos consultados, era imprescindible instalar inmediatamente el Centro de Mando de Protección Civil en la “zona cero” de la contingencia, Juchitán de Zaragoza.

“Estamos hablando de que deberían haber tenido información, el Coordinador, de lo que estaba pasando, no de los daños totales, un avance: sí se cayeron varias casas. Eso lo tenía que haber tenido a la una de la mañana.

“El coordinador (regional) está dentro de su población. Si el delegado no tiene coordinador en “X” pueblo, tiene el teléfono del comandante de la policía, del presidente municipal”.

Sin embargo, durante viernes, sábado y domingo, las 72 horas posteriores al terremoto, los distintos grupos de rescate tanto locales como los que arribaron a aquel municipio, denunciaron reiteradamente la falta de organización y de una voz de mando que dirigiera las labores de auxilio.

“Hay demasiada desorganización”, dijo el director del Cuerpo de Bomberos de Juchitán de Zaragoza, Francisco Vásquez Jiménez, consultado por este medio la mañana del domingo 10 de septiembre (Real Politik número 319).

“No hay una cabeza, un orden para afrontar esta contingencia”, lamentó, al tiempo que agregó: “Hay ayuda, muestras de solidaridad, pero no está siendo bien canalizada. Cada quién está yendo por su lado”.

La ausencia de dirección, explicó, generó descontrol y, además, pugnas entre los cuerpos de seguridad oficiales y los grupos de voluntarios, integrados por personas que viajaron desde el norte, occidente y centro del país para coadyuvar en las labores auxilio.

Por ejemplo, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) prohibió al grupo internacional Topos Tlatelolco Azteca colaborar en la búsqueda del policía local Juan Jiménez Regalado, que, desde el día del temblor, había permanecido atrapado bajo los escombros del Palacio Municipal.

 

Omisión tras omisión

 

Inoperante el sistema de alertas sísmicas por falta de mantenimiento

–¿Tuvo que haber sesionado el Consejo Estatal de Protección Civil en el lugar de los hechos?, consultó Real Politik a uno de los entrevistados, quien ha fungido como asesor de temas de seguridad durante más de dos décadas.

—Sí, tuvieron que haberse ido para allá todos.

–¿Qué dependencias?

—Todas las que integran el Consejo. CAO, Conagua, Seguridad, Segego, Salud… el primer paso es, por aquí tembló; vámonos Coordinador.

–No se vio información, no fluyó información… la información la daban los grupos de rescate.

Aunque el gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, e incluso el presidente de México, Enrique Peña, se trasladaron al lugar el viernes 8 de septiembre, las instancias que debieron de respaldar el Ejecutivo estatal no estuvieron, por lo que la presencia del mandatario sirvió de poco.

Este reportero realizó un recorrido por cinco de los municipios más afectados por el movimiento telúrico –Asunción Ixtaltepec, Juchitán de Zaragoza, Unión Hidalgo, Tehuantepec y Santa María Xadani–, y, en todos, salvo Juchitán, la ciudadanía denunció que ningún funcionario del gobierno del estado, Protección Civil incluida, había acudido a esos sectores; al menos, durante los primeros tres días posteriores al sismo.

“Al ver la magnitud, el Coordinador tuvo que haber dicho (vámonos). No tanto por conocimiento, sino por responsabilidad; sabemos que los muertitos se le achacan a quien está en funciones en ese momento, y esa es la situación. Falto trabajar, hacer lo que tienes que hacer”, añadió, en referencia al ex titular de Protección Civil, Amando Demetrio Bohórquez.

“Imagina qué difícil es que el Gobernador se entere de las cosas antes que tú (como encargado de Protección Civil)”.

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