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Monseñor Guillow, un insigne benefactor

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Descendiente de la nobleza europea, a don Eulogio Gregorio Guillow y Zavalza, quien fuera el primer arzobispo de Oaxaca, le tocó reconstruir la iglesia Católica en la entidad, que quedó devastada tras la aprobación de las Leyes de Reforma; a él se atribuye la restauración de los principales templos de la ciudad, la coronación de la Virgen de la Soledad y el rescate del templo de Santo Domingo de Guzmán, entre otras tantas obras

 

Carlos CERVANTES

 

De nuestros personajes de ayer en el ámbito religioso tenemos a monseñor Eulogio Gregorio Guillow y Zavalza quien fue el primer arzobispo de Oaxaca, ya que antes de él eran obispos quienes ostentaban la autoridad eclesiástica. A él se debe la restauración de los principales templos de la ciudad y la coronación de la imagen de la Virgen de la Soledad en 1909, además de haber rescatado el templo de Santo Domingo que se encontraba en poder del ejército, por lo cual el recinto era utilizado como caballeriza de lujo además de dormitorio improvisado para los soldados y sus mujeres. Amigo del presidente Porfirio Díaz con quien tuvo diversos encuentros. Se recuerda que el Mandatario le obsequió un valioso anillo pastoral. Fue arzobispo de Oaxaca de 1887 a 1922.

 

Sólo había una parroquia

 

El último obispo de Oaxaca fue monseñor Márquez y Carrizosa a quien le tocó vivir no solamente la pobreza de la iglesia ante los destrozos de las guerras internas, sino los ataques y saqueos de los grupos guerrilleros de tal manera que en 1887 cuando don Eulogio se hizo cargo del arzobispado habían pasado 30 años de haber sido aprobadas las Leyes de Reforma, la iglesia estaba devastada, con muy pocos sacerdotes la mayoría enfermos, mientras que en la ciudad solo existía una parroquia, que era El Sagrario para atender en los sacramentos a 32 mil católicos que era la población de nuestra ciudad. Sin embargo, por órdenes de Roma la parroquia debía dividirse después de 10 mil personas, por lo cual el nuevo arzobispo formó dos parroquias más: la de la Sangre de Cristo y la de San Francisco. Había otras dos parroquias, la de Jalatlaco y el Marquesado, pero con jurisdicción aparte ya que eran pueblos cercanos a la ciudad de Oaxaca.

 

El portal de Clavería,

propiedad de la iglesia

 

Existía también conflicto con el arcediano Hipólito Ortiz Camacho que había acaparado los puestos de Secretario de Cámara y Gobierno Eclesiástico, Gobernador de la Mitra, Provisor y Vicario General, lo que provocó disgusto y se formaron dos grupos de sacerdotes, uno a favor y el otro en contra. Los críticos eran perseguidos por ello varios emigraron a la ciudad de México donde fallecieron, entre ellos el historiador don José Antonio Gay. Guillow puso orden retirando a Ortiz Camacho y cambiando las oficinas del gobierno eclesiástico al edificio que adquirió conocido como Clavería en el lado norte del zócalo, donde hoy existe un hotel que rompe con el entorno. Asimismo, el arzobispo se puso al frente del santuario de La Soledad que recibía cuantiosas limosnas y al presbítero Hipólito le encargó las costosas obras de restauración de la Catedral.

Por lo que respecta al seminario Pontificio de la Santa Cruz, en penuria total ya que el edificio donde funcionó por tantos años en lo que hoy es la esquina de Independencia y Macedonio Alcalá, fue expropiado de acuerdo a las Leyes de Reforma y paradójicamente ahí se instaló el Instituto de Ciencias y Artes del Estado que anteriormente estuvo en otros inmuebles. Los pocos seminaristas se albergaban en una casa particular en la esquina de lo que hoy es Avenida Independencia y Tinoco y Palacios. Finalmente fueron alojados en enero de 1888 en el Colegio Clerical de Guadalupe.

 

Recuperó el Templo de Santo Domingo

 

El arzobispo continuó trabajando y aportando dinero de su fortuna personal iniciando pláticas con el presidente Díaz hasta que logró le fuera devuelto el templo de Santo Domingo en compensación por haber sido expropiado tanto el antiguo palacio episcopal como el edificio del Seminario. Una de las condiciones fue que el arzobispo construyera el cuartel de caballería en la actual esquina de Reforma y Constitución. Después de un gasto de 84 mil pesos el templo quedó en condiciones para el culto. Los dominicos pidieron al arzobispo les fuera cedido el templo, lo cual lograron años después y le devolvieron su esplendor.

El religioso logró sufragar todos los gastos no solo con fondos de su fortuna personal sino con las aportaciones que hicieron aquellos adinerados que se arrepintieron de haber comprado bienes del clero y que por miedo “al infierno” quisieron compensar en algo por lo que entregaron la cantidad de 730 mil pesos, cantidad fabulosa para aquellos tiempos.

 

Nuevo palacio arzobispal en el centro

 

El arzobispo constructor logró con sus propios recursos económicos adquirir las casas ubicadas en el lado poniente de la alameda de León donde construyó su propio palacio episcopal el cual también le fue expropiado merced a las Leyes de Reforma pese a que lo hizo con recursos personales. Muchos años después en la parte construida fueron alojadas las oficinas del PRI y donde era el jardín de la residencia arzobispal, se alojaron en la década de los setentas del siglo pasado las instalaciones del telégrafo y correos, donde siguen actualmente.

Don Gregorio Eulogio desde el inicio de su pastoral comenzó a recorrer palmo a palmo la entidad pese a la falta de caminos, por lo que muchos de esos viajes los hizo cargado en andas por los indígenas, encontrando verdaderas sorpresas que fue corrigiendo pues la sed de dinero de los sacerdotes era insaciable a grado tal que muchos indígenas al no poder pagar la cuota fijada por el cura desistían de su casamiento por la iglesia y vivían en amasiato, o “amancebadlos” como les llamaba la iglesia.

 

Penoso recorrido

por todo el estado

 

El prelado llevaba un riguroso apunte de todas sus visitas especialmente el número de niños que él confirmaba en forma totalmente gratuita. En una ocasión cayó a un barranco lo cual le provocó una hernia que sufrió toda su vida.

De esos apuntes se anota el caso de un cura comisionado en una población cercana a Tlaxiaco el cual se disfrazaba de campesino para llegar a esta cabecera a gozar de todos los vicios, pero la situación se le complicó ya que la muchacha a la que había violado dio a luz a un niño y la madre de la violada exigía que cumpliera con la manutención. El mañoso sacerdote se llevó al padre de la muchacha a gozar de los placeres mundanos a Tlaxiaco, le dio dinero y hasta ahí quedó todo. Sin embargo, el arzobispo enterado de todo, le ordenó al cura que inmediatamente se trasladara a la ciudad de Oaxaca y lo envió a otro lugar más alejado. Otro cura llegó al colmo ya que en 8 años no hizo nada para reparar el templo y lo utilizaba para guardar su ganado. El arzobispo le impuso severa sanción.

 

Preocupado por

los vestigios de Mitla

 

Al llegar a Mitla el religioso vio el estado de deterioro en que se encontraba la zona arqueológica por lo cual dispuso hacer una cerca de piedra que resguardara los palacios de grecas cercanos al templo católico y sacó al indígena que tenía como vivienda uno de los patios interiores. Ordenó que las piezas encontradas fueran exhibidas en vitrinas del propio curato. El mismo donó una máscara prehispánica que le había sido obsequiada.

En otra gira que inició en la Sierra Juárez continuando hasta la Chinantla llegó al poblado de Otatitlán donde al presidente municipal Marcos Parroquín observaba que el arzobispo salía constantemente de la iglesia al curato en sotana, por lo que le aplicó una multa de ¡diez pesos!, ya que violaba la prohibición para andar en la calle con ropas talares. No valieron las explicaciones de que solo eran unos metros de la iglesia al curato, pero la multa la pagaron los mismos pobladores. Sin embargo, al otro día cuando el prelado ya había dejado el pueblo, los habitantes en masa se dirigieron a la casa municipal, encararon a su presidente, lo amarraron y lo arrastraron por las calles en justo castigo por el exceso cometido contra el arzobispo.

 

Las muchachas

estaban a la venta

 

En esa zona de la Chinantla el religioso anotó que las muchachas solían bañarse totalmente desnudas y se exhibían, pero lo hacían “para dar testimonio de su castidad”. Sin embargo, anota en su diario que en ese mismo lugar eran vendidas las muchachas cuyos precios fluctuaban entre 4 y 5 pesos, pero llegaban hasta cincuenta si eran blancas y bien parecidas.

En otra gira enfiló rumbo al Istmo comenzando por Tlacolula donde el presidente municipal borracho ni siquiera salió a recibirlo. En Matatlán fue objeto de gran recepción. Finalmente se acercó a Tehuantepec observando con extrañeza que a cuatro leguas y media de esa población lo esperaba una elegante carreta americana enviada por doña Juana Catalina Romero, el prelado subió y comenzó el recorrido seguido de 60 rancheros a caballo. Al llegar a la finca fue recibido por la propia Juana Cata quien por la noche le ofreció una cena con los mejores manjares y vinos traídos de Francia, Italia y España.

La catedral de Oaxaca mereció especial atención por parte del arzobispo quien mandó a confeccionar en Italia la estatua que representa la Asunción y que fue colocada en medio del templo, asimismo los vitrales de la parte oriente que representan a San Pedro y San Pablo, las arañas de luz, etc. Su obra es impresionante en cuanto al arte religioso y para enumerarla sería necesario todo un libro.

 

Última visita pastoral a Ejutla

 

El 15 de mayo de 1922 muy temprano salió a lo que sería su última visita pastoral y se dirigió a Ejutla, por ferrocarril. La recepción fue numerosa y todo el día siguió impartiendo confirmaciones.

A la hora de comer escuchó el “Dios Nunca Muere” que ejecutaba la banda de música del lugar. Al irse a descansar pidió que la tocaran por tercera vez, pero por la noche se comenzó a sentir mal, no obstante, durante los dos días siguientes siguió confirmando niños. El día 18 dio su último sermón y poco después falleció. Horas más tarde el ferrocarril de Ejutla a Oaxaca partió hacia la ciudad de Oaxaca llevando el cuerpo del arzobispo y una numerosa comitiva que le hacía compañía. Al acercarse a Zimatlán esta población estaba a punto de caer en las garras de una facción capitaneada por Erasto Flores y “el chato” Ortiz, pero al oír el ruido del tren y creyendo que llegaban soldados, los facinerosos huyeron, por lo que se cree que aun muerto monseñor Guillow salvó a Zimatlán de la muerte y el saqueo.

El arzobispo era descendiente de la nobleza europea y estudió en los mejores colegios de Roma y otras ciudades del llamado viejo mundo. Fue amigo de los presidentes de México, desde Porfirio Díaz hasta Álvaro Obregón, a quienes visitaba en el castillo de Chapultepec.

 

Su recuerdo en la Catedral

 

Cerca del altar mayor de la catedral de la ciudad de Oaxaca se puede apreciar un monumento funerario que en 1941 se construyó en la capilla de la Divina Providencia, al cumplirse cien años del nacimiento de don Eulogio Gregorio, que fue el 11 de marzo. Está formado por una base de mármol gris que conserva dos placas, señalando la primera que se hizo en memoria del arzobispo y la otra recuerda la fecha de su fallecimiento: 18 de mayo de 1922. Corona el monumento un busto de Guillow y Zavalza hecho en mármol blanco, el cual originalmente estaba en el palacio arzobispal como fiel retrato del religioso. Es una meritoria obra de arte. La placa del frente dice: “En memoria del Excmo. y Rvro. Monseñor Dr. Eulogio Gregorio Guillow y Zavalza primer arzobispo de Oaxaca e insigne bienhechor de la misma. 11 de marzo de 1941, 1er. Centenario de su nacimiento”.

El autor del fino busto firmó en la base “E. Díaz Facit. Roma 1899-1900”. En realidad es un retrato decimonónico.

 

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