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Manuel Mayoral Heredia, la negra historia de un gobernador

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La ambición por el dinero, una vida de lujos, los abusos y la represión contra su pueblo, provocaron la caída de este desconocido personaje. La acción que detonó el descontento de los oaxaqueños fue cuando pretendió imponer un Código Fiscal que, entre otras cosas, elevó de manera escandalosa los impuestos, esto desencadenó un paro general del comercio organizado que terminó con la renuncia del  frustrado mandatario

 

Carlos CERVANTES

 

En la historia negra de Oaxaca se encuentran inscritos los nombres de tres ex gobernadores: Edmundo Sánchez Cano, Manuel Mayoral Heredia y el más reciente: Gabino Cué Monteagudo. Los dos primeros porque llegaron con una sed hidrópica de dinero y quisieron exprimir al máximo los bolsillos de los oaxaqueños vía impuestos onerosos y abusos llevando una vida de dispendios y el último por haber propiciado el saqueo más escandaloso de que se tenga memoria, pero es el momento en que ni siquiera ha sido tocado con el pétalo de una rosa y se pitorrea no solo de la medrosa y omisa autoridad sino de todo el pueblo de Oaxaca.

Manuel Mayoral Heredia llegó como gobernador de Oaxaca luego de un periodo de tranquilidad que tuvo la población durante el interinato de don Eduardo Vasconcelos, a quien los oaxaqueños quisieron, lo apoyaron y lo lloraron cuando partió nuevamente a la ciudad de México al terminar su gestión. El nuevo gobernador tomó posesión el primero de diciembre de 1950 y salió corrido por la población el 2 de agosto de 1952.

 

Un personaje desconocido

 

Desde un principio la población vio con desconfianza al nuevo gobernador, personaje no conocido en Oaxaca, era ingeniero de profesión. De inicio comenzó a gastar fuertes cantidades de dinero en una vida fastuosa que comenzó a llevar, sin que se hiciera alguna obra de beneficio colectivo. Además, destinó gran parte del presupuesto estatal en la compra de maquinaria agrícola que no utilizó en beneficio de los agricultores oaxaqueños, sino que la mandó al Istmo de Tehuantepec para que fuera aprovechada en los terrenos de una extensa finca que tenía en esa región donde además aplicó altos impuestos a los prósperos cafetaleros de la misma zona provocando malestar y oposición a tales disposiciones. Fue escandalosa la entrega de bonos al contratista italiano Silvio Orani, sin garantía alguna, por la cantidad de 12 millones de pesos, cuando el peso mexicano se cotizaba a 8.64 por dólar, dizque para la construcción de la carretera Huajuapan-Pinotepa Nacional, todo lo cual fue un fraude.

 

El detonante

 

En el segundo año de su administración el gobernador Mayoral Heredia presentó a la Cámara Local de Diputados una iniciativa proponiendo un nuevo Código Fiscal leonino totalmente que, entre otras cosas, subía escandalosamente el impuesto predial para fincas urbanas y rústicas, además de que daba atribuciones al Ejecutivo estatal para expropiar inmuebles y rematarlos sin mayor trámite. Dadas las trampas que encerraba el código de marras se pensó que podría ser un instrumento de fraude. En realidad, el gobernador fue empinado por su tesorero el licenciado Alfonso Unda Ruiz, funcionario fuereño que llegó como ave de rapiña al pretender imponer un código lesivo para todos. Esta medida fue la gota que derramó el vaso y ahora se entiende que son los que manejan las finanzas estatales quienes empinan a los gobernadores peleles en su afán de recaudar más hasta que la ambición rompe el saco. En nuestros días los dardos de quienes manejan las finanzas están dirigidos hacia los automovilistas y camioneros.

 

Cerrazón al diálogo

 

La dirigencia de la Cámara de Comercio de Oaxaca pidió al gobernador que se aplazara la aplicación del código de marras y programaron una reunión con Mayoral Heredia, quien sintiéndose muy apoyado por el gobierno federal los dejó plantados. Entonces el comercio organizado, locatarios de los mercados y otras organizaciones productivas organizaron la primera manifestación pública ya no pidiendo la derogación del código fiscal, sino ¡la salida del gobernador! Sin embargo, éste aconsejado por su Secretario General del Despacho determinó aplicar la mano dura y reprimió la manifestación a balazos, resultando dos hombres muertos.

Al sepelio de los dos cadáveres acudió el pueblo indignado y en esta ocasión se le unieron estudiantes del Instituto de Ciencias y Artes del Estado. El gobernador lleno de soberbia no se amilanó por lo que llegaron a la ciudad soldados del cuartel de Miahuatlán para atemorizar a la población sin lograrlo, lo cual preocupó al gobernador quien tomó medidas persuasivas, destituyó a los principales funcionarios encabezados por el señor tesorero que lo empinó por su ambición de dinero. Incluso derogó su Código Fiscal, al mismo tiempo que envió comisiones de descontentos a la ciudad de México para hablar con el Secretario de Gobernación.

Pero las manifestaciones continuaron en la ciudad de Oaxaca por lo que Mayoral pidió auxilio a la ciudad de México desde donde fueron enviadas tropas federales de asalto, colocando cañones de guerra en las cuatro esquinas de la manzana donde se encuentra el Palacio de Gobierno las cuales tenían como misión detener a todas aquellas personas que salieran a la calle en grupos de más de dos.

 

Un movimiento auténtico de pueblo

 

La población se mantuvo firme hasta el 23 de julio de 1952, en que el Secretario de Gobernación, Ernesto P. Uruchurtu, dio a conocer que el ingeniero Manuel Mayoral Heredia había pedido licencia definitiva para separarse del cargo. El 2 de agosto siguiente el general Manuel Cabrera Carrasquedo tomó posesión como gobernador interino.

Cabe señalar que en esos días de lucha el comercio establecido, así como los mercados estuvieron cerrados, se vivía una situación de zozobra en todas partes mientras que los dirigentes del movimiento hacían su trabajo. En el Instituto fue notoria la decidida participación del Licenciado Luis Castañeda Guzmán y lideresas del mercado Juárez entre quienes destacó doña Casilda Flores y la “china frutera”. De todo el estado llegaban los auxilios principalmente alimentos que se descargaban en la casa de don Austreberto Aragón y de su esposa, la famosa “china” frutera del mercado, quienes se encargaban de la distribución para quienes llegaban a buscar ese apoyo puesto que la mayoría de familias salían a comprar víveres en los pueblos cercanos. Para entonces ya se había formado el comité de huelga. Las manifestaciones subían de tono lanzando mueras al gobernador, mientras grupos de señoras del mercado llevaban mantas contra el tirano y una de ellas portaba la Bandera Nacional. Esa manifestación se dirigió hacia la Casa de Gobierno en avenida Juárez, mientras que en la retaguardia iba la policía estatal, los solados y los “cuerudos” de Miahuatlán que estaban a favor del gobernador.

 

…Y corrió la sangre

 

Fue ahí donde corrió la sangre pues la multitud fue atacada a balazos resultando muchos heridos y los dos muertos. Los heridos fueron subidos como fardos en camiones de volteo, mientras los de la Cruz Roja hacían lo que podían con su única ambulancia y carros particulares para trasladar a los heridos. Se vio que el hijo del gobernador tomó una ametralladora y disparó en repetidas ocasiones contra la muchedumbre. La gente enardecida enfiló hacia el Palacio de Gobierno con la intención de hacerlo pedazos. El día 22 de marzo se constituyó el comité cívico para evitar otra masacre. Fue presidido por los señores Carlos Jiménez, el licenciado Fernando Ramírez de Aguilar, Agustín Márquez Uribe, Ángel Martínez y otros, quienes dieron un plazo de 24 horas para que el tirano y todos sus funcionarios saqueadores, salieran del Estado.

Horas después fueron velados los cuerpos de Arnulfo y Enrique frente a la entrada principal de Palacio, donde llegaron personas de todos los estratos sociales llevando no solamente flores sino cantidad de alimentos para quienes velaban mientras arriba de los ataúdes resaltaba una manta que decía: “Mayoral Heredia. He aquí tu obra”, enseguida la lista de heridos.

 

Provocación de militares

 

Al día siguiente el general Mustieles, jefe de la zona militar, hizo desfilar a los soldados “cuerudos” de Miahuatlán en apoyo al gobernador dirigidos por Genaro Ramos, de triste memoria, gritando vivas al presidente Alemán y al gobernador Mayoral Heredia, cerrando su coro con el grito de “¡Mueran los traidores!”. Provocadoramente pasaron por el centro de la ciudad, luego por avenida Independencia frente al edificio del Instituto donde hicieron una nutrida balacera, al aire, lo que nuevamente provocó pánico; la gente se refugió tanto en el edificio donde estaban los estudiantes como en la sacristía de Catedral.

El día 25 de marzo renunciaron el Secretario General del Despacho, Guillermo Candiani; el procurador de justicia, Manuel Flores y el mañoso tesorero, Alfonso Unda Ruiz,  que con su ambición de dinero embarcó al gobernador. Mayoral Heredia se afianzaba como gato en el tejado, pues era amigo y compadre de Miguel Alemán.

Finalmente, la comisión de oaxaqueños logró entrevistarse con el secretario de Gobernación quien les informó que ya había ordenado tanto al general Mustieles, jefe militar de la zona, como al gobernador que retiraran del zócalo las fuerzas agraristas y a los soldados del 50 batallón para que volviera la tranquilidad y que enviaría una comisión para conocer directamente la situación. El general Manuel Cabrera Carrasquedo fue quien se encargó de hacer una completa investigación.

Finalmente, el 24 de julio la prensa de la ciudad de México dio la noticia de que Mayoral Heredia había solicitado licencia por motivos de salud y el día 31 del mismo se dio a conocer que asumía la gubernatura interinamente el general Cabrera Carrasquedo, quien rindió protesta el 2 de agosto, con lo cual terminó la pesadilla y el pueblo demostró lo que puede hacer contra un gobierno arbitrario.

 

 

 

 

 

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