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López Obrador, un gobierno de caprichos y arrebatos

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La falta de políticas encaminadas a la competitividad auguran el retraso del país por al menos dos décadas, advierte el economista Fausto Barajas y agrega que tan solo el desabasto de gasolina provocado por las malas decisiones del gobierno implicó pérdidas brutas, que CitiBanamex estimó en 39 mil mdp; por su parte, el especialista en Políticas Públicas considera que no hay mucha diferencia entre el pasado y la Cuarta Transformación, porque el presidente sigue teniendo un gran poder, como siempre lo tuvo

 

Luis RAMÍREZ

 

En sólo cuatro meses, Andrés Manuel López Obrador ha dibujado como será el rumbo de la Cuarta Transformación de México: Un gobierno –el primero que encabeza la izquierda en la historia del país– de políticas “clientelistas”, “regresivas”, “concentradoras del poder político” y/o “populistas”.

Gastar en caprichos, mantener la desigualdad y asegurar el atraso del país con una mala gestión pública. Ésas, dice el politólogo mexicano Fausto Barajas, parecen ser las tres formas de trabajo de la administración López Obrador en sus primeros cuatro meses.

En su último artículo titulado ¿Cuánto nos cuestan los caprichos AMLO?, publicado en el Heraldo de México, el Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) pone cuatro ejemplos de lo que considera una mala gestión pública:

Primero, no usar el avión presidencial nos cuesta a los mexicanos 474 millones de pesos anuales: 417 millones por pago del arrendamiento, 43 millones por el pago de vuelos de en aviones comerciales (presidente más comitiva) y 14 millones más por tenerlo estacionado en el Aeropuerto de Logística del Sur de California, a pesar de contar con un hangar especial para este avión en la Ciudad de México. Sale más caro no usar el avión presidencial que usarlo.

Segundo, construir el Tren Maya nos costará al menos 150 mil millones de pesos, pero podría llegar a los 480 mil millones o incluso hasta 1.6 billones de pesos, según estimaciones del Instituto Mexicano para la Competitividad, Imco. Esto significa que por décadas se tendría que subsidiar el pasaje de los turistas que utilizaran este tren. Pero en la otra cara de la moneda, esta obra sería el negocio de su vida para los “amigos” que se vean beneficiados con las asignaciones directas de obras que acostumbra el gobierno. Hasta ahora, 74 por ciento de las obras se han asignado por adjudicación directa.

Tercero, mantener la desigualdad nos costará más a todos a largo plazo. El dinero que se gasta en los caprichos del presidente se podría destinar a reducir la pobreza y desigualdad. Con 53.4 millones de mexicanos que viven en pobreza y 9.4 millones en pobreza extrema, hay mucho por hacer. Por ejemplo, con lo que se desperdicia por no usar el avión presidencial se podrían construir dos o tres aulas dignas en los 570 municipios de Oaxaca, o poner techo adecuado a miles de aulas que hoy no lo tienen.

Solicitar que España pida perdón por los agravios de la conquista a los pueblos originarios, considera que de poco servirá cuando lo que se requiere es que el gobierno ponga atención en el rezago en el que esos mexicanos viven hoy. Por ejemplo, en las escuelas indígenas multigrado, 65 por ciento no disponen de agua, 40 por ciento no tienen energía eléctrica o un abastecimiento continuo y 93 por ciento no tienen drenaje. El recorte presupuestal a guarderías afectará, sobre todo, a mujeres de 548 municipios indígenas que se veían beneficiadas por el programa.

En este punto, agrega que por si fuera poco, la cancelación de la reforma educativa representa regresar la educación a manos de la CNTE y condena a una generación más a la educación de mala calidad que no le permitirá la movilidad social.

Cuarto, la desaparición del Consejo de Promoción Turística y de ProMéxico, la cancelación de las subastas energéticas y las rondas petroleras, la cancelación del aeropuerto de Texcoco, las malas propuestas para consejeros de la Comisión Reguladora de Energía (CRE), la ausencia del combate a la corrupción y la falta de políticas encaminadas a la competitividad de México, auguran el retraso del país por al menos dos décadas.

Y el politólogo se pregunta ¿Cuánto cree usted que esto nos costará a los mexicanos? ¿Cuántos años pagaremos por estos caprichos presidenciales?

 

Alto costo económico

 

Sin embargo, el especialista en Economía va más allá. Recuerda que según el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador, la solución a los problemas del país era muy simple. En un mitin tras otro, de plaza en plaza y de pueblo en pueblo, repetía la misma historia: al terminar con “la corrupción” y “los privilegios” de “los de arriba”, el gobierno se iba a “ahorrar cuando menos 10% del presupuesto público”, equivalente a unos 500 mil millones de pesos al año. Esa cifra, decía convencido el candidato, sería suficiente para, literalmente, repartir dinero entre todos los mexicanos y sacarlos de la pobreza.

Fausto Barajas estima que desde el periodo de transición le quedó muy claro a los funcionarios lopezobradoristas que los famosos 500 mil millones de pesos no existen. Bajar los salarios y prestaciones de los altos funcionarios no alcanzó ni para el arranque. Había que recortar programas públicos, desaparecer áreas enteras del gobierno y hacer mil malabares para encontrar algo de dinero para los programas estrella de AMLO, como el tren y la refinería. Como si eso no bastara, el Presidente comenzó a tomar decisiones erráticas que empezaron a afectar la economía y el presupuesto del gobierno:

1.- La cancelación de la construcción del aeropuerto de Texcoco, de acuerdo con José Antonio Meade, podría impactar a la economía en el mediano plazo por hasta 145 mil millones de dólares. Cifra cercana a tres billones de pesos y equivalente a 13 por ciento del PIB actual.

2.- La omisión del gobierno ante los bloqueos de las vías del tren en Michoacán, en enero, costaron cerca de 30 mil millones de pesos.

3.- Al inicio de febrero, el gobierno canceló la cuarta subasta de largo plazo para adquisición de energía para la CFE, con lo que se dejarán de invertir 1,600 millones de dólares, algo así como 32 mil millones de pesos.

4.- El desabasto de la gasolina provocado por las malas decisiones del gobierno implicó pérdidas brutas que CitiBanamex estimó en 39 mil millones de pesos.

Fausto Barajas considera que si sólo contáramos la omisión por no desbloquear las vías en Michoacán, la cancelación de la subasta eléctrica y el desabasto de gasolina, se podría decir que el gobierno de López Obrador lleva un ritmo de destrucción de valor de mil millones de pesos diarios.

“Eso es lo que nos cuesta a usted y a todos nosotros la enorme capacidad destructiva de la ‘cuarta transformación’: mil millones de pesos al día. ¿Se imagina cuántas guarderías podrían abrirse con esos recursos? ¿Cuántas becas podrían entregarse? ¿Cuántos hospitales remodelarse? ¿Cuántos empleos generarse? ¿Qué aumento podría dársele a policías, soldados, bomberos, médicos y maestros que sí dan clases a sus estudiantes? ¿Cuánto bien podría hacerse al medio ambiente? ¿Cuánta ciencia podría desarrollarse?”

Barajas se muestra sorprendido con un gobierno que está literalmente quemando el dinero de los mexicanos, lo que puede llevar a dos cosas. Una, que los recortes se hagan sin ninguna sensibilidad social ni pericia técnica, como se ve con el cierre de guarderías, los programas de atención a niños con cáncer, miles de personas despedidas de su trabajo, afectación al programa que atendía a las mujeres que sufren violencia, entre otros. La otra, es que como no alcanza el dinero, hay legisladores de Morena que ya comienzan a decir que será necesario aumentar impuestos a partir de 2020. “Si a esto usted me responde que “AMLO prometió no subir impuestos” significa que todavía no está entendiendo la película”, subraya.

Y refiere que “así que, la próxima vez que vea al Presidente esperando su avión en el aeropuerto, comiendo garnachas en la carretera o formadito para comprarse su café en el Oxxo, piense que el presidente más ‘austero’ está siendo en realidad el Presidente más costoso. ¡Eso sí que es hacer historia!”.

 

Los falsos dilemas

 

Para el economista del ITAM, si una virtud tuvo el presidente López Obrador como candidato fue que planteó los verdaderos dilemas del país: corrupción vs. honestidad; y desigualdad vs. justicia social. Lamentablemente, al asumir el poder, el Presidente se ha dedicado a promover falsos dilemas, que en poco ayudan a entender los problemas y a plantear soluciones de fondo.

Y pone algunos ejemplos:

Liberales vs. conservadores. El Presidente se autodenomina como un liberal que lucha contra los que él llama “conservadores”, aludiendo a un dilema que fue real en el siglo XIX, pero que él entiende en términos de monografía para tarea escolar de sexto de primaria. “Paradójicamente, a este presidente que se dice liberal no le gustan las ideas de libertad económica, ni tampoco se ve que le guste mucho las libertades de expresión (‘prensa fifí’) ni de pensamiento (‘Cartilla Moral’)”.

Corrupción vs. conciencia tranquila. Plantea que los gobiernos de México de los últimos 30 años han sido corruptos y que él lucha contra esa herencia con una única arma: su conciencia tranquila, que respalda todos los actos de su gobierno, aunque estos estén fuera de la ley. La metafísica como política pública.

Conocimiento técnico vs. ignorancia leal. El Presidente considera que la amplia formación técnica de los cuadros de gobierno es dañina para el país. Dice, por ejemplo, que aquellos que tuvieron alguna formación en el extranjero aprendieron “malas mañas”. Prefiere a los leales que, aunque no estén preparados, tienen el título de “dimensión social” que otorga el propio Presidente.

Al respecto, Fausto Barajas sostiene que confrontar a México en dilemas de élites y pueblo es un camino incorrecto, como lo es el camino que busca regresar al presidencialismo priista de hace 40 o más años. Es algo tan absurdo como promover en pleno siglo XXI la generación de la electricidad con carbón, en detrimento de la generada con sistemas eólicos o solares.

Los falsos dilemas, advierte, dividen y no sirven para el crecimiento de México, el Presidente debe gobernar y servir para todos, coincidan o no con sus ideas. Tiene la oportunidad de abandonar su lucha por establecer un pensamiento único en el país, olvidar su construcción clientelar y enfocarse en detonar todo el potencial de México con mayor inversión en infraestructura, mejor regulación económica, mayor eficiencia gubernamental, desarrollo sustentable y respeto de la legalidad, iniciando por el mismo gobierno.

 

Concentración del poder

 

Por su parte, José Luis Serapio Juárez, Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM, refiere que desde el inicio de su gobierno, Andrés Manuel López Obrador ha desplegado una serie de políticas que son señaladas por mucho como “clientelistas”, “regresivas”, “concentradoras del poder político” y/o “populistas”.

Pone como muestra de estas políticas la figura de los súper delegados, la ventanilla única en la SHCP, la Guardia Nacional, las consultas populares, el conteo de los próximos beneficiarios de programas hechos por el partido Morena y no por la vía institucional, el acaparamiento de la agenda pública, la designación de las ternas a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y recientemente la revocación de mandato.

El también consultor senior en política pública con perspectiva de derechos humanos y temas de democracia muestra su preocupación con relación a lo que puede lograr con la economía nacional más allá de lo discursivo, es decir, con relación al 4% de crecimiento del PIB anual prometido en campaña y la brecha que se observa de la imposibilidad de cumplir éste objetivo, pues en la realidad se ha previsto un crecimiento del 2% del PIB para 2018, que incluso puede llegar al 1.6%, como lo ha señalado Banxico.

Dice que el problema anterior tiene que ver con lo poco confiable que se muestra el presidente Andrés Manuel con relación a los mercados, esto se corrobora con la inversión extranjera directa IED y su caída reportada por Banxico de un 12% para el 2018 con relación al año anterior, con los constantes enfrentamientos con distintas agrupaciones empresariales, y la baja de la expectativa por una previsión a una mayor presión a las finanzas públicas por parte de las calificadoras de Fitch y S&P, debido al modelo de negocio elegido en PEMEX, “por la poca rentabilidad que conlleva el mercado de las gasolinas para ser más claros”.

Serapio Juárez concluye que aun cuando la Cuarta Transformación ha cambiado las reglas del juego, estas no son muy distintas a las que existían, toda vez que el ejecutivo sigue teniendo una gran poder (como siempre lo tuvo) e interviniendo en otros poderes como la SCJN, el partido gobernante en el congreso sigue respaldando a su presidente como antes bajo las mismas prácticas denunciadas de “mayoriteo”, y se mantienen las políticas asistencialistas dirigidas a sus bases clientelares, como ocurría en el pasado.

 

 

 

 

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