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La caída de la Bolsa, una pugna contra AMLO

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Alfredo RÍOS CAMARENA

 

El régimen neoliberal —impuesto a la sociedad de nuestro tiempo— ha implicado la enorme concentración de la riqueza en unas cuantas manos. Su crisis puede afrontarse de dos maneras: en el pensamiento de Joseph Stiglitz, el control de neoliberalismo debe conducirse a través de la gradualización; otros pensadores económicos como Michel Chossudovsky o James Petras suponen que el fin del neoliberalismo será violento e implosivo.

En México, la presidencia del nuevo gobierno, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, empieza a definir el cambio de este sistema anteponiendo la función pública y la fuerza del Estado a los intereses del mercado y de la empresa privada.

Esto nos puede explicar los acontecimientos —de gran trascendencia— que se han venido suscitando en los últimos días, empezando por la decisión de cancelar el proyecto insignia del presidente Enrique Peña Nieto —el aeropuerto de Texcoco— y poco después la iniciativa de Ricardo Monreal en el Senado de la República que, con razón, pretende suspender o eliminar las comisiones de la banca privada. El tema no es menor, pues sin duda implica el horizonte hacia el cual nos acercamos.

La banca ha sido beneficiada por ese sistema y junto con las bolsas de valores y los fondos de inversión son los instrumentos que, si bien aceleran el desarrollo, concentran la riqueza.

Nadie puede estar en desacuerdo en reducir o eliminar las comisiones de los bancos, que se imponen desde una acción autoritaria que ya se asemeja al acto autoritario y que puede dar lugar —según las nuevas reformas— al juicio de garantías, es decir, al amparo.

El tema político está en el fondo de esta aparente controversia entre López Obrador —que sale a los medios a decir que no se modificará la legislación a los bancos, sin facultades para hacerlo— y el Senado de la República que pretende, a través de una nueva ley, no sólo regular, sino dar por terminadas estas comisiones que han enriquecido a la banca “mexicana”, cuyas acciones, hoy por hoy, mayoritariamente están en manos de capital externo.

¿Cómo entender este tema? Al parecer, más allá de la ley de la oferta y la demanda —que regula los mercados— existen intereses políticos en pugna y, en un principio, la caída de la Bolsa de Valores parece ser, en el fondo —aunque parezca paradójico— la reacción de los propios intereses privados frente a la actitud del nuevo gobierno.

¿Están o no están de acuerdo Monreal y López Obrador? Lo más probable es que exista un juego para poner en el banquillo de los acusados a los banqueros e imponerles nuevas normas, más allá de la acción administrativa de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, del Banco de México y de la propia Secretaría de Hacienda, pues un cambio legislativo tiene mayor significación y jerarquía en el desarrollo de este tema.

Pocos entienden qué está pasando y el pánico financiero de los pequeños inversionistas se convierte en una espada de Damocles para el crecimiento del país.

En resumen, el misterio de la caída de la Bolsa está vinculado a una pugna para definir el rumbo de un sistema que es injusto, aun cuando representa a los poderes fácticos más importantes que han dominado el escenario público en los últimos 30 o 40 años.

El gran problema es hacia el futuro, pues desmantelar el sistema sin una estrategia clara y colectiva puede llevarnos a una grave crisis económica.

Qué bueno que se detenga el poder fáctico de las instituciones privadas, pero ¡cuidado!, hacer la cosas sin una concepción estratégica, lo único que logra es el desastre y la contradicción.

 

 

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