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Don Emilio Pimentel, un gobernador del porfiriato

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A lo largo de sus dos periodos, el mandatario aplicó la norma porfirista que decía: poca política y mucha administración, esto le permitió que hiciera grandes obras y tener un gobierno eficiente que promovió el desarrollo del estado

 

Carlos CERVANTES

 

El gobernador Emilio Pimentel y su esposa Amparo Jordán, quien falleció en el Palacio de Gobierno a causa de una equivocación médica

Don Emilio Pimentel fue un gobernador culto y trabajador que ejerció el mando del primero de diciembre de 1902 al 4 de mayo de 1911; su segundo periodo fue por reelección como se acostumbraba en el Porfiriato. Tuvo la desgracia de perder a su joven esposa por una equivocación médica, en sus aposentos del propio Palacio de Gobierno acondicionados en el ala que da hacia la actual calle de Bustamante, donde el mandatario por las noches tocaba el piano con gran inspiración y maestría mientras grupos de personas escuchaban el concierto desde la calle. Durante su gobierno fue construido el teatro Luis Mier y Terán (hoy Macedonio Alcalá), obra que se consideró por algunos como muy suntuosa, pero entonces en Oaxaca se notaba cierta bonanza y mucho trabajo, además de poca política y mucha administración que era la fórmula del Porfiriato.

 

Poca política y mucha administración

 

Efectivamente, el gobernador Pimentel aplicó la norma porfirista: poca política y mucha administración. Tal vez por ello al salir del cargo en 1911 la Tesorería General del Estado contaba con un fondo respetable para esos tiempos: medio millón de pesos, a pesar de las obras de beneficio colectivo que realizó. La construcción del teatro costó poco más de 140 mil pesos, incluyendo el predio.

Entre las obras podemos mencionar el drenaje profundo y aumento del suministro de agua potable para la ciudad capital, empedrado y embanquetado de calles, ampliación de la red telefónica y electrificación para poblaciones del interior de Estado, el monumento a Juárez en el cerro del Fortín cuya estatua de bronce fue donada por el presidente Porfirio Díaz. Asimismo, fueron construidos los mercados “Sánchez Pascuas” o de Carmen Alto; “Democracia” o de la Merced que ocupó el atrio del recinto religioso; obras de remodelación del Instituto de Ciencias y Artes del Estado quedando con la fisonomía que luce actualmente, ubicado en la esquina de Avenida Independencia y Macedonio Alcalá fue digno marco para celebrar el centenario del natalicio del Benemérito el 21 de marzo de 1906 fecha en que también fue inaugurado el monumento del Fortín. Fue construido el teatro Luis Mier y Terán, hoy “Macedonio Alcalá”.

 

Llegan capitales

privados a Oaxaca

 

Durante la administración del gobernador Emilio Pimentel se incrementaron las inversiones privadas: entró en operación la nueva fábrica de hilados y tejidos en Xía, Ixtlán, cuyas ruinas aún existen en ese lugar; se construyó la vía del ferrocarril Oaxaca-Ejutla y Oaxaca-Tlacolula; se establecieron haciendas de beneficios de metales en varias poblaciones, propiciando la exportación de oro y plata, se abrieron fábricas de otros productos como la de cervezas. Oaxaca vivía en paz y se notaba el progreso.

El gobernador Pimentel procuró la construcción de escuelas en muchas poblaciones de la entidad creó becas para los estudiantes de jurisprudencia quienes a cambio debían prestar sus servicios en los juzgados durante determinado tiempo. Se preocupó por la salud pública impulsando las campañas de vacunación; dotó de más presupuesto al hospital general. Durante su gobierno fue construido el Hospicio de la Vega al norte de la ciudad.

En la administración de don Emilio Pimentel vinieron a esta ciudad artistas notables que actuaron en el moderno y lujoso teatro Luis Mier y Terán. Fue en ese gobierno cuando se fundó la Banda de Música del Estado.

 

Ferrocarril interoceánico

 

En ese tiempo fueron inauguradas las obras del puerto de Salina Cruz a las cuales el presidente Díaz dio fuerte impulso logrando al poco tempo un gran movimiento de carga proveniente de diversas partes del mundo y estableciendo un tráfico constante con carga de mercancías entre los dos océanos por ferrocarril, lo cual propició el florecimiento de la zona que vino a decaer con el movimiento armado que se inició en 1910.

Este proyecto del ferrocarril interoceánico para el traslado de mercaderías del Pacífico al Atlántico quiso ser retomado por gobiernos posteriores, pero hasta el momento no ha cuajado. Habrá que considerar que en los tiempos de don Emilio Pimentel aun no existía el canal de Panamá.

La agricultura y ganadería tuvieron gran auge por lo cual logró el establecimiento de varios bancos para refaccionar al campo oaxaqueño.

El 4 de mayo de 1911 cuando estaba en su segunda reelección y ante la inestabilidad por el movimiento armado que hacía mella en todo el país el gobernador presentó su renuncia irrevocable. Falleció en Veracruz el 12 de marzo de 1926. Con su administración terminó una era de paz y de bonanza para Oaxaca.

 

Fallece la primera dama

en Palacio de Gobierno

 

Como anécdota recordaremos que don Emilio Pimentel llegó a Oaxaca estando recién casado con una distinguida dama de la ciudad de México: doña Amparo Jordán, instalándose en el espacio destinado a los gobernadores en el ala oriente del Palacio de Gobierno. Comenzó el embarazo de la esposa y una tarde el sentir un malestar estomacal fue llamado el médico de la familia quien le recetó un purgante: sulfato de sodio el cual luego de ser administrado le produjo dolores insoportables, muriendo minutos después.

Nuevamente fue llamado el médico quien solamente pudo testificar el deceso. Los síntomas de envenenamiento eran evidentes. Al parecer el farmacéutico se equivocó y en vez de surtir el sulfato de sodio, entregó el venenoso sulfato de zinc.

El gobernador no pidió nada en contra del anciano farmacéutico y el fallecimiento quedó asentado como afección cardiaca. El cuerpo fue sepultado en panteón general y posteriormente se construyó un monumento mortuorio con mármol de Italia, del cual queda el recuerdo. Este suceso lo menciona el maestro Jorge Fernando Iturribarría Martínez en su libro “Sucedió en Oaxaca” publicado en 1992.

 

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