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Después del fraude ¿qué?

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Jorge Meléndez Preciado

La mayoría de los analistas y escribidores políticos han señalado, con más o menos elementos, que hay un fraude gigantesco en el estado de México, aparte de lo que pueda descubrirse  en Coahuila, aunque de antemano ya sabemos que el antes partidazo ya  perdió el Congreso del Estado en esta segunda entidad. En Nayarit el tricolor resultó derrotado ampliamente. Mientras que en Veracruz se situó en cuarto lugar.

En Coahuila, curiosamente, Humberto  Moreira, que iba a una diputación local por el llamado Partido Joven, lanzó rayos y centellas contra su hermano Rubén, al que acusa de hacer la alquimia mayor que haya visto el bailador Humberto. Incluso señala que las trampas realizadas son las “más burdas que he visto en mi vida”. Es decir, uno de los operadores mayores de la política a la mexicana, se sorprende que el aumento en las manipulaciones  no tenga límites.

Para impugnar la elección coahuilense, se aliaron el PAN de Guillermo Anaya, Morena de  Armando Guadiana y el candidato independiente, Javier Guerrero. Los tres contra los arreglos  electorales y las modificaciones  a los resultados.

De regreso a nuestro vecino mexiquense, Alfredo del Mazo perdió en la casilla donde votó, Hacienda de las Palmas. Allí triunfó  curiosamente, Josefina Vázquez Mota. Y en Ciudad Satélite, dicen, logró una muy alta votación Morena.

Alfredo ganó en únicamente 10 de los 45 distritos, obviamente los que tenían mayor número de enlistados. Por el priista sufragaron los que tienen menor educación y mayor edad. Mientras que por Delfina lo hicieron los más jóvenes y con estudios más avanzados (Rogelio Gómez Hermosillo, El Universal, 6 de mayo).

El resultado del  4 de junio está siendo impugnado por Delfina Gómez y Andrés Manuel López Obrador. Algo a lo que tienen derecho, independientemente del número de paquetes que se abran. Por eso resulta fuera de lugar, por decirlo suavemente, que Del Mazo se oponga a ello y censure a los morenistas, ya que entonces desconoce, como muchas otras cosas, la ley que rigió las campañas electorales.

 

Es tan descabellado como el grito de Enrique Ochoa Reza, quien dijo que si los de Morena admiran a Venezuela, que se “vayan para allá”. Claro, este señor, que no sabe de política, ignora que lo mismo vociferaban antiguos presidentes del tricolor como Lauro Ortega, Gustavo Carvajal y otros más, quienes hablaban de Moscú, La Habana y otros sitios. Con lo que demostraban que se sentían dueños del país y creían que sus opositores no podían luchar políticamente. El atraso priista lo muestran tanto Del Mazo como Ochoa Reza (sic que invoca el catecismo tricolor) y sus asesores de toda índole.

Un dato para lo horrible. El secretario de Desarrollo Social, Luis Enrique Miranda, no pudo votar porque su credencial estaba vencida, pero dijo que tenía otra, lo que de ser cierto exhibe al quietísimo INE.

Para The New York Times, la compra de votos antigua sigue usándose pero hay novedades para esa forma indecente de llevar a las urnas a la población. Y en dicha publicación estadounidense, José Antonio Crespo señala que al PRI no le importa la democracia.

En el libro: Por qué vendo mi voto, coordinado por Jaime Pérez Dávila (Consejos), encontramos una descripción muy detallada de cómo hacer para ganar elecciones con amplias cantidades de dinero. Señalan lo que ya se había advertido: la mayoría de los que están dispuestos a tal degradación, son los más pobres, necesitados, con menores estudios, con deudas y quienes desean terminar sus proyectos educativos o comerciales, entre otros.

Puntualizan en la obra, se trata de hombres entre los cincuenta y los sesenta y cinco años; de amas de casa entre los 25 y los 50 años, que además tienen alguna otra ocupación (por eso  la famosa tarjeta  rosa que promovió Alfredo del Mazo); hombres entre los 18 y los 25 años que son auxiliares administrativos o de servicios públicos, con preparatoria o preparatoria trunca, empleados de establecimientos.

Con todo lo que hemos señalado y esos nuevos datos,vemos que hubo un caldo de cultivo para que pudiera ganar el PRI. Aunque  si sabemos que Del Mazo obtuvo un millón de votos menos que Eruviel Ávila hace seis años, que siete de cada diez votantes no lo hizo por Alfredo  y que su margen de maniobra es muy pobre, ahora entendemos  porque el festejo de su aparente victoria resultó tan desangelado, ya que ni siquiera se llenó el local donde repartieron de todo y hubo música (Sin Embargo).

Si para Jacqueline Peschard estamos ante una inefectiva democracia (El Universal, 6 de junio), para Raymundo Rivapalacio no hay nada que festejar (El Financiero, 6 de junio) y para Jesús Silva Herzog Márquez (Reforma, 5 de junio) las elecciones se dan en un ámbito de degradación, preguntamos qué hacer para que en 2018 no haya lo de siempre: una simulación electoral.

jamelendez44@gmail.com

@jamelendez44

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